Francisco Xavier Clavijero y la dignificación de nuestro pasado indígena

La Nueva España - Hechos

Hablemos un poco de uno de los grandes pensadores de la Nueva España, el jesuita veracruzano Francisco Xavier Clavijero, (1731 - 1787) historiador y religioso novohispano, además de una figura muy polémica en el ámbito nacional e internacional de su época.

 

Hijo de un funcionario de la corona borbónica, tuvo una infancia tranquila y estimulante. Su educación fue cuidada y muy bien aprovechada por la clara inteligencia del joven criollo. Por cuestiones del trabajo paterno, la familia vivió en pequeñas ciudades de los estados de Veracruz, Puebla y Oaxaca. La fuerte y amable presencia indígena de estos lugares y dentro del servicio doméstico, característica común de las familias acomodadas de la época, marcaría para siempre la línea del pensamiento de este futuro historiador. Aprendió, a temprana edad, la lengua náhuatl, herramienta fundamental en el desarrollo de su vocación misional.

 

En el colegio de San Jerónimo de la ciudad de Puebla estudió gramática, y luego en el centro jesuita de San Ignacio aprendió filosofía, latín y teología. A los 17 años se trasladó al noviciado de la orden en Tepotzotlán. Allí perfeccionó sus conocimientos de latín y floreció una de sus principales virtudes: su facilidad para los idiomas. Aprendió griego, francés, portugués, italiano, alemán e inglés. Este consumado políglota aprovechó cada texto en su idioma original que llegara a sus manos gracias a las maravillosas bibliotecas de los diferentes colegios de la orden.

 

Después de cuatro años de excelente desempeño fue enviado de regreso a Puebla, donde se dedicó a profundizar en el estudio libre de la filosofía. Es en esta época donde podríamos ubicar el surgimiento de la modernidad de su pensamiento crítico, que lo llevaría a descubrir y afrontar la necesidad de transformar las materias que se impartían en su tiempo.

 

Ya en el Colegio de San Pedro y San Pablo de la capital del virreinato terminó sus estudios compartiendo opiniones y pensamiento con jesuitas, a quienes la historia les ha dado un lugar de honor entre los humanistas del siglo XVIII. Cabe mencionar a Juan Luis Maneiro quien se volvería su biógrafo.

 

En 1755, ya como sacerdote, dedica los siguientes cinco años de su vida a la educación de jóvenes indígenas en el Colegio de San Gregorio contiguo al de San Pedro y San Pablo, el cual contaba en su biblioteca con el legado de Don Carlos de Singüenza y Góngora de códices aztecas y libros de la época de la conquista, los cuales fueron devorados por el intelecto de Clavijero y le otorgaron, además de una visión de respeto y admiración por la ""nación mexicana"" unas buenas reprimendas de sus superiores por considerar que el tiempo utilizado en sus investigaciones, no era propio de la tarea docente y catequista que se le había encomendado.

 

Su recorrido, entre 1761 y 1767, por el Colegio de San Javier en Tepotzotlán, el seminario mayor de Valladolid (hoy Morelia) y luego el de Guadalajara fue motivado por una mezcla de felicitaciones y amonestaciones. Sus cátedras y sus publicaciones eran de primerísima calidad pero siempre hubo un poco de recelo por parte de sus superiores con respecto a los votos de obediencia de este sacerdote.

 

Imposible prevenir los sucesos que acaecieron el 2 de abril de 1767: Carlos III expulsó a todos los jesuitas que habitaban en sus dominios. la Compañía de Jesús, después de dos siglos en la Nueva España fue expulsada de estas tierras. Clavijero, al igual que todos sus compañeros se embarcó, en febrero de 1768, rumbo a los Estados Pontificios, donde viviría el resto de su vida, primero en Ferrara y después en Bolonia, donde moriría a los 56 años de edad.

 

Ya en el exilio y ayudado de una memoria prodigiosa, dedicó su vida a mostrar la verdad y la dignidad de la historia de los mexicanos. Su Historia Antigua de México, está considerada, por muchos, como el texto más representativo del patriotismo criollo. El lector o el estudioso pueden encontrar congruencia, sin maquillaje, en la historia de la Nueva España.

 

Lo más trascendental de esta obra compuesta por 10 tomos es que ubica a los criollos como herederos del patrimonio prehispánico, guardianes y poseedores de tradiciones y conocimientos equiparables a la herencia griega legada a Roma. Es notable, el esfuerzo del propio Clavijero y de muchos de sus compañeros en el exilio, por combatir el prejuicio contra las culturas indígenas prevaleciente en Europa, si era en círculos religiosos, al mantenerlas en el ámbito de lo demoniaco o si hablamos de cúpulas culturales al catalogarlas en los escalones más bajos del desarrollo, ubicando, por consiguiente, a la recién creada identidad criolla en un estatus de inferioridad patente ante cualquier europeo.

 

Los conceptos de criollismo, americanismo, nación mexicana fueron infiltrándose en las bibliotecas de colegios, casas y seminarios de toda América, de tal manera que religiosos, funcionarios, comerciantes y hasta mujeres acomodadas económicamente fueron formando una nueva idea de lo que eran, de lo que merecían y de lo que tenían que hacer para lograrlo.

 

Fueron los eventos de 1808 traídos por los vientos napoleónicos los que catalizaron estas ideas y las volvieron acciones. Clavijero, descansando en paz desde hacía dos décadas, no pudo ver ni siquiera los inicios de este magno movimiento que los mexicanos llamamos ""Independencia"" y los europeos llaman ""Revolución"", pero no podemos olvidar que los grandes movimientos empiezan siempre con una idea. Agradezcamos a los grandes pensadores que la hayan puesto por escrito y nos la hayan regalado.

 

Nota: El 6 de agosto de 1970 los restos del padre Clavijero fueron repatriados, llegaron a su natal Veracruz donde fue recibido con todos los honores debidos. Actualmente descansa en la Rotonda de las Personas Ilustres en el panteón de Dolores de la Cd. de Méx.

 

Obras 1. La Historia de la Antigua o Baja California en cuatro tomos Diálogo entre Filaletes y Paeófilo 2. Historia eclesiástica de México 3. De las colonias de los tlaxcaltecas 4. Breve descripción de la Provincia de México en el año 1767 5. Un ensayo titulado Physica particularis. 6. Una disertación titulada Cursus philosophicus 7. Una historia en que narra las apariciones de la Virgen de Guadalupe. 8. Un ensayo titulado Frutos en que comercia o puede comerciar la Nueva España. 9. Infinidad de cartas, ensayos y disertaciones sobre la cultura mexicana, sobre ciencias naturales, sobre filosofía y otros temas.

 

Bibliografía: El ocaso de la Nueva España. Enrique Florescano y Rafael Rojas. Serie La Antorcha Encendida. Editorial Clío. 1996 DICCIONARIO PORRUA. Historia, Biografía y Geografía de México. Editorial Porrúa S.A. Quinta Edición. Pag. 605