"El ""Quinazo"""

La época de las crisis - Hechos

Se puede considerar que México tuvo dos inicios en la década de los ochenta. Ambos con una característica particular: eran hijos de la crisis. Por un lado, daba comienzo el último tercio del sexenio lopezportillista; por otro, el candidato sucesor, representante de los neoliberalistas, fue el encargado de intentar paliar o apagar los incendios de la terrible crisis y pobreza que López Portillo le había heredado. La ominosa crisis, una serie de devaluaciones y el aumento del IVA del 10 al 15 por ciento, terminaron por apuntalar lo que sería el difícil rumbo de la década.

Entre mundiales, explosiones y terremotos, la tecnocracia continuaba apoderándose de la sociedad mexicana. A tal punto que para 1987, cuando resultó ungido el candidato oficial para suceder al gris Miguel de la Madrid, la mayoría de los sectores obrero-patronales, supuestamente identificados plenamente con las necesidades del pueblo, le condicionaron su apoyo.

Cubierto por un fraude monumental, con el entero soporte trabajador y sin un ápice de legitimidad, el nuevo presidente, Carlos Salinas de Gortari, actuó con celeridad inaudita para hacerse creíble frente a los suyos, a los más cercanos y ante él mismo.

""Necesitaba afianzarse en el poder y para ello recurrió a grandes golpes que excitaron el morbo público. El más espectacular fue una carambola de varias bandas cargada de densos mensajes"". Unas semanas después de haber tomado posesión, el 10 de enero de 1989, casi al amanecer, un grupo militar, mediante una operación quirúrgica, tomó por asalto la casa del hasta entonces líder petrolero, Joaquín Hernández Galicia, conocido como La Quina.

Desde 1984 habían comenzado las diferencias entre Salinas y la Quina, cuando, el entonces Sub Secretario de Programación y Presupuesto, había planteado y echando andar un programa para limitar los contratos entre el sindicato petrolero y los particulares. De hecho durante la campaña electoral, en que se hicieron más claras las rencillas, la Quina aprovechó cualquier manifestación pública para denostar al candidato, tildándolo de un ""político de la burocracia, muy alejado de las necesidades del pueblo"".

Las diferencias entre ambos llegaron a su clímax cuando el periodista Manuel Buendía hizo pública una información ""filtrada"" que daba cuenta de la riqueza inexplicable del líder petrolero. En respuesta, Hernández Galicia mandó publicar un folletón llamado ""Un asesino en la presidencia"" en el cual hacía referencia al asesinato de la sirvienta de los Salinas, y en el que se inculpaba directamente al niño Carlos de 4 años de edad.

La venganza del Estado hizo sentir todo su peso con la captura del Quina. Extrañamente no se le dictó formal prisión por enriquecimiento ilícito ni corrupción, sino por posesión de armas de uso exclusivo del Ejército. Las malas lenguas señalan que durante el operativo de su aprensión los mismos militares que habían acordonado la zona, desmontaron varios camiones, armas y pertrechos que pusieron en la casa del petrolero, y que ello sirvió como prueba para su detención. Otros rumores señalan que, para dejar las cosas bien claras, durante un discurso, Salinas señaló que en México ""se habían acabado los tiempos de los caciques y caudillos y que sólo perdurarían las instituciones"". Eso desató la ira de la Quina, quien decidió apoyar con todo su contingente al candidato de la oposición Cuauhtémoc Cárdenas.

Hernández Galicia y compinches pasaron siete años en la cárcel, de los 35 a que fueron condenados. El país entró en una ilusión óptica de desarrollo, que se consumió con la década de los años ochenta y se hundió en una de sus más severas crisis, tal y como nació.

El hecho fue que con el ""quinazo"", como se le conoce a lo ocurrido, la percepción del gobierno cambió radicalmente ante los ojos del pueblo, y aunque se continuaba reclamando el fraude electoral, involuntariamente se dotó de la tan ansiada credibilidad al mandatario, lo cual siempre fue su principal objetivo.

Varias versiones existen del momento de su captura. Que todo lo que le encontraron y de lo que lo acusaron, se lo sembraron.