El verdadero movedor de la Independencia: Ignacio Allende

Aires libertarios - Hechos

¿Quién es tu perfecta guía? María. ¿Quién reina en tu corazón? La Religión. ¿Y quién su causa defiende? Allende. Pues mira, escucha, y atiende, Que el valor es lo que importa, Pues que por eso te exhorta María, Religión, y Allende.

(Madrigal insurgente, 1810).

Fue Ignacio Allende quien convenció a don Miguel de portarse mal, al invitarlo a las reuniones clandestinas de conspiradores que se daban en casa del corregidor Miguel Domínguez en Querétaro. En dichas reuniones, además de comer y beber como Dios manda, se discutían temas propios de los librepensadores acomodados, pero sobre todo las maneras de cómo deshacerse de una vez por todas de los gachupines y de los peligros que sería quedar a merced de las tropas napoleónicas.

Dentro del grupo de confabulados había un hombre llamado Felipe González, ""hombre honrado de extensos conocimientos"", íntimo amigo y de toda la confianza de Allende, quien fue el que le sugirió el gran beneficio que el movimiento tendría si entre sus dirigentes hubiera un sacerdote: ayudaría enormemente a ganarse la confianza de la gente.

Allende pensó de inmediato en Hidalgo, ya que se trataba de un cura querido por todos, con buenas conexiones en las plazas eclesiásticas importantes y su parroquia, en Dolores, estaba a un paso de San Miguel el Grande, donde otras reuniones confabuladoras se llevaban a cabo. Es por eso que Ignacio Allende, y no el cura Hidalgo, fue el principal ""movedor de la revolución"", como se le llamó en los juicios que el fiscal Rafael Bracho le hizo en Chihuahua. Después de haber interrogado decenas de militares, clérigos, reos y civiles, Bracho llegó a la conclusión de que ""el primer perturbador de la quietud de América"" había sido Allende.

Claro está que con el paso los años, y la cansada tarea de maquillar o remover hechos históricos según quien esté en el poder, se fueron glorificando figuras más emblemáticas como Hidalgo o Morelos. Además sólo existió un documento que confirma y atestigua el principal papel de Allende en el movimiento independista, documento que permaneció escondido casi cien años, hasta que Genaro García lo dio a conocer en 1910: la causa instruida por el lic. Rafael Bracho a Ignacio Allende, antes de ser fusilado en junio de 1811 en Chihuahua.

Ignacio José de Jesús Pedro Regalado Allende y Uzanga, mejor conocido como Ignacio Allende, se le bautizó el 21 de enero de 1769 en el bello pueblo de San Miguel El Grande, que hoy lleva su apellido. Ese mismo año nace Napoleón Bonaparte y Alexander von Humboldt. En España, Carlos III envía a misioneros franciscanos a la California, para así fundar San Diego y San Francisco, entre otros, y en Inglaterra James Watt patenta la primera máquina de vapor y Richard Arkwright la primera hiladora hidráulica, lo que da paso a la Revolución Industrial.

Ignacio fue el quinto de los seis hijos que tuvieron don Domingo Narciso de Allende y doña María Unzaga, españoles de origen vasco. Los Allende eran una de las familia más adineradas y distinguidas de la región. Su madre murió cuando Ignacio tenía dos años y su padre a los dieciocho.

El primer biógrafo de Allende, Benito Abel Arteaga, lo describe como: ""alto de pelo rubio y crespo, lo mismo que la barba, blanco de ojos garzos y muy vivos, nariz aguileña, aunque ligeramente torcida por habérsela quebrado en una de sus diversiones de campo… su boca bien formada, si bien animada siempre por una sonrisa equívoca que así anunciaba la condescendencia como también desdén…de contextura atlética"".

El joven Ignacio siempre se distinguió por intrépido, lo que le hizo popular entre sus amigos. Era un verdadero juan-sin-miedo que gustaba de exponerse al peligro en busca de la estimulante adrenalina. Fuera de su carácter arrojado se conoce poco de su juventud, y a diferencia de sus hermanos, Ignacio no fue a la capital a estudiar, pues era obvio que su temperamento no compaginaba ni con la vida de sacristía ni con la del roedor de biblioteca.

Sería la carrera militar la mejor opción para el joven, y en 1795 fue nombrado teniente en el Regimiento de Dragones de la Reina. En 1809 alcanza el grado de capitán del mismo regimiento, puesto por el que compitió con su paisano y amigo, Juan Aldama, que lo acompañaría en toda la aventura independista. En 1809 Allende se incorpora a las tropas del virrey Iturrigaray para realizar maniobras y simulacros en un acantonamiento cerca de Jalapa, Veracruz. El propósito de estas acciones, que el mismo virrey supervisó, era preparar a las fuerzas para una posible invasión extranjera. ¿Quién iba a pensar que el asalto vendría de casa? Para prepararse estos cuerpos pasaron seis meses concentrados en la ciudad de México y posteriormente marcharon a Veracruz.

Lucas Alamán comenta que esta reunión fue de suma importancia en cuanto a que los militares criollos que integraban las diferentes tropas tuvieron la ocasión de convivir, conocerse y comunicarse entre ellos, con lo que se desarrolló un espíritu de competencia por destacar, pero también cierta noción de identidad como grupo: ""(…) fueron justamente estos milicianos criollos quienes desempeñarían un papel fundamental en la organización de las conspiraciones, ya que al volver a sus provincias de origen pudieron juntarse con miembros de otros sectores de la sociedad americana para buscar formas de actuar, haciendo uso de las ventajas y herramientas tanto en información como en relaciones, hombres y armas, que el ser milicianos les proporcionaba. Éste era precisamente el perfil de Ignacio Allende"".