El niño Benito

La era liberal - Hechos

Las ganas de saber leer y escribir fueron las que impulsaron a Benito Juárez a salir de San Pablo Guelatao, su pueblo natal. ""Cuando mi tío me llamaba para tomarme mi lección, yo mismo le llevaba la disciplina para que me castigase si no la sabía; pero las ocupaciones de mi tío y mi dedicación al trabajo diario del campo contrariaban mis deseos y muy poco o nada adelantaba en mis lecciones"", narra el mismo Benito en sus ""Apuntes para mis hijos"".

Ese tío era Bernardino Juárez. Marcelino Juárez y Brígida García fueron los padres de Benito, quienes murieron cuando contaba con tres años de edad. Quedó, junto con sus hermanas, bajo la tutela de sus abuelos y cuando estos también fallecieron, fue Bernardino quien cuidó de él.

Era un niño campesino consciente de la importancia de saber castellano, pues su lengua natal era el zapoteco, pero era consciente también de que eso no lo lograría en su pequeño pueblo ""que apenas contaba con veinte familias y en una época en que tan poco o nada se cuidaba de la educación."" Así que a los doce años, huyó de la casa de su tío.

Sintió tristeza separarse de su lado, de dejar la casa que lo había amparado y abandonar el lugar que lo vio nacer; dos sentimientos enfrentados en donde ganó el interés en su propia educación. Fue el 17 de diciembre de 1818 cuando emprendió su viaje a pie, con rumbo a la ciudad de Oaxaca, ahí donde no conocía a nadie, pero en donde esperaba encontrarse con el progreso.

Su hermana María Josefa trabajaba de cocinera en la casa de don Antonio Maza, así que Benito se estableció un tiempo ahí, trabajando en su granja mientras conseguía algo más. Después conoció a quien se convertiría en su siguiente instructor: don Antonio Salanueva.

""Un hombre piadoso y muy honrado que ejercía el oficio de encuadernador y empastador de libros. Vestía el hábito de la Orden Tercera de San Francisco y aunque muy dedicado a la devoción y a las prácticas religiosas era bastante despreocupado y amigo de la educación de la juventud. Las obras de Feijóo y las epístolas de San Pablo eran los libros favoritos de su lectura"", en palabras del propio Benito.

Luego de un tiempo de estar en Oaxaca, ""hablaba yo el idioma español sin reglas y con todos los vicios con que lo hablaba el vulgo"", pero logró corregirlos al ingresar al Seminario. Benito sabía que los eclesiásticos, aun cuando sólo eran estudiantes, sabían mucho y eran respetados por la sociedad. En 1823, a los 17 años, concluyó sus estudios de gramática latina con calificaciones de ""Excelente"".

Hasta aquí la historia del niño Benito, quien durante toda su infancia luchó y perseveró para alcanzar una buena educación, hasta llegar a recibirse como abogado y años después, ser presidente de México.