El Huapango de Moncayo

Música - Obras

Sandra Molina Arceo

“A partir de su estreno el  15 de agosto de 1941 –escribió Eduardo Neri-, con la Orquesta Sinfónica de México dirigida por Carlos Chávez, la pieza sinfónica Huapango de Moncayo se ha convertido en una especie de […] poderoso símbolo sonoro que refleja con maestría lo mejor de nuestra tierra. En esta música se lee a López Velarde: “Cuando nacemos, nos regalas notas,/después, un paraíso de compotas, y luego te regalas toda entera, suave Patria, alacena y pajarera.”

          “Hoy van a tocar, otra vez, el ‘Moncayo’ de José Pablo ‘Huapango’”, dijo en alguna ocasión el famoso compositor de la obra, tiempo después de su estreno, cuando la pieza había alcanzado un éxito insospechado y había trascendido más allá las fronteras mexicanas.

         Basado en los sones “Siqui-sirí”, “Balajú” y “Gavilancito” del puerto de Alvarado, Veracruz, los acordes del Huapango respondían al nacionalismo mexicano que llenó la cultura y las artes desde la década de 1930 y hasta mediados de los años 40.

         El Huapango fue estrenado en 1941, en momentos en que el gobierno de Manuel Ávila Camacho comenzaba una importante política de unidad nacional; cerraba filas frente a la situación internacional, ya que desde septiembre de 1939, había comenzado la segunda guerra mundial y parecía inminente el ingreso de Estados Unidos en el gran conflicto armado, a lo cual, México no podría permanecer al margen.

         Nacido en 1912, de origen tapatío, José Pablo Moncayo García estudió composición en  el Conservatorio Nacional de Música con los maestros Candelario Huízar y Carlos Chávez y formó parte de la Orquesta Sinfónica de México, a finales de la década de 1920, cuando los artistas rescataron la música popular, étnica y folclórica.

         Aunque Moncayo compuso muchas otras obras -“La mulata de Córdoba” (1948), “Muros verdes” (1951) “Pequeño nocturno” (1936); “Amatzinac” (1937); “Sonata para violín” (1937), entre otras-, el Huapango se convirtió en un símbolo porque refleja toda una época, la del México posrevolucionario que reivindicaba y se nutría de lo mexicano; su tono alegre, festivo, lúdico la llevó a ser considerada  casi como un segundo himno nacional.

Datos

“Cuando en la atmósfera gris del invierno parisino, quiero que haya sol en mi departamento, oigo el disco del Huapango”. Darius Milhaud, compositor francés.