El gobierno liberal en 1861

La era liberal - Hechos

En Enero de 1861, cuando el gobierno de Juárez se instaló en la capital, luego de la guerra de Reforma, los problemas más urgentes eran: 1) la pacificación de país, que implicaba el sometimiento total de los conservadores; 2) el reconocimiento internacional; 3) la celebración de elecciones para seguir el orden constitucional; 4) la organización de las finanzas públicas. 

La pacificación del país. Este era un problema de muy difícil solución no sólo porque aún sobrevivían elementos del conservadurismo que habían organizado guerrillas y se acercaban a la capital amenazando con un nuevo estallido de violencia general, sino porque entre los mismos liberales existían divisiones, pues no todos estaban de acuerdo con las medidas adoptadas por Juárez. Para algunos esas medidas eran demasiado drásticas, y consideraban que debía establecerse una dictadura. Juárez había decretado la expulsión de tres diplomáticos extranjeros; el nuncio apostólico, representante del Vaticano, y los representantes de España y Guatemala, bajo la acusación de haber intervenido en la política interna; había decretado además el destierro del obispo de México y de otros cuatro prelados inculpados por haber fomentado la guerra civil. Algunos políticos opinaban que la expulsión de los diplomáticos y de los miembros del alto clero mexicano podría acarrear tropiezos en las relaciones internacionales. 

La prensa nacional actuaba como si fuera un poder político más, y agitó los disturbios al interior del gabinete presidencial, que cedió a las presiones y renunció. Pero aun cuando se formó un nuevo gabinete, continuó la polémica en torno a la presidencia de Juárez, que algunos querían desconocer basándose en su supuesta traición por la firma del tratado McLane-Ocampo. No obstante, Juárez fue al fin ratificado por el Congreso y se le autorizó a solicitar un préstamo por un millón de pesos para luchar contra la reacción, así como para suspender las garantías individuales, incluso a la prensa.

La agitación política empeoró con la noticia del asesinato de Melchor Ocampo quien se había retirado de la vida pública y residía en su rancho en Michoacán, hasta donde llegaron las guerrillas reaccionarias para tomar venganza. Este asesinato provocó la indignación del Congreso, que autorizó al gobierno a recurrir a cualquier medio para acabar con las guerrillas; y los diputados, mediante un decreto, pusieron a los jefes reaccionarios fuera de la ley de toda garantía en sus personas y propiedades y ofreció una recompensa de diez mil pesos a la persona que capturara a cualquiera de ellos. 

Días después de la muerte de Ocampo, los generales liberales Santos Degollado y Leandro Valle fueron derrotados en combate y ejecutados por las guerrillas conservadoras. Los combates entre las tropas del gobierno y las de la reacción continuaron durante todo el año de 1861, a fines del cual las tropas conservadoras estaban casi vencidas. En enero de 1862, se disolvieron las últimas fuerzas rebeldes, pero éstas guardaban ya una nueva esperanza: un monarca Europeo.

El reconocimiento internacional. La necesidad del reconocimiento exterior era de gran importancia para consolidar al gobierno en el plano de las relaciones internacionales. Juárez afirmó la legitimidad del gobierno liberal aun durante la guerra civil, y manifestó al mundo su deseo sincero de buscar la relación amistosa con todos los pueblos, ofreciendo cumplir sus compromisos internacionales. En los primeros tres meses de 1861, Juárez recibió las cartas que acreditaban como representantes de sus respectivos países a los ministros de Estados Unidos, Prusia y Francia. Elecciones presidenciales. En junio de 1861, cinco meses después de que el gobierno liberal hubiera llegado a la capital y en medio de una fuerte agitación política, tras serios debates, el Congreso declaró a Juárez presidente constitucional para el cuatrienio 1861-1865. Días más tarde, el general Jesús González Ortega fue nombrado presidente de la Suprema Corte de Justicia, cargo que de acuerdo con la Constitución equivalía al de vicepresidente. 

Finanzas públicas. El problema más grande en medio de aquella crisis política era el financiero, debido a la urgencia de conseguir fondos para acabar con la reacción, cubrir los gastos más apremiantes del gobierno y pagar la deuda pública. Los bienes del clero se habían nacionalizado, pero en la práctica, se encontró que la riqueza eclesiástica valía menos de lo que se suponía y de lo que habían calculado los acreedores ingleses, que en 1856 habían hecho una investigación para evaluar el monto de los bienes clericales con los que México podría pagar su deuda externa. Cuando tuvieron lugar las operaciones de nacionalización, fue muy poco el dinero que entró en el erario y apenas alcanzó para cubrir las primeras necesidades, y de ninguna manera para dedicarlo al pago de la deuda pública. El gobierno se vio entonces en la necesidad de tomar una decisión que resultaría ser la oportunidad que los monarquitas mexicanos y el imperialismo francés estaban esperando. 

El 17 de Julio de 1861, el gobierno promulgó un decreto por el cual ""quedaban suspensos, en el término de dos años, todos los pagos, incluso el de las asignaciones destinadas para la deuda contraída en Londres y las convenciones extranjeras"". La deuda ""contraída en Londres"" era en realidad la última convención de la deuda que México tenía con Inglaterra desde los primeros años de vida independiente. Dicha convención celebrada en Diciembre de 1850, había resultado beneficiosa para México, ya que se consiguió la reducción del interés vencido y del porcentaje del interés por pagar, el que fue cubierto puntal mente durante los 3 años siguientes, y se suspendió al estallar la Revolución de Ayutla, en 1854

Las ""convenciones extranjeras"" eran contratos que los capitalistas extranjeros- ingleses, franceses y españoles- establecían con el gobierno mexicano cuando este no podía pagar. Estos nuevos contratos garantizaban a los acreedores unas condiciones especialmente ventajosas y un rédito exorbitante que se hacía aparecer como correspondiente a una deuda interior, ya que la ley prohibía el interés por deudas externas excedieran el 6% anual. Por otra parte, Juárez había tenido que reconocer las deudas contraídas por México con los extranjeros durante la guerra de 3 años, sobre todo las correspondientes al gobierno liberal, las cuales empezaron a pagarse prontamente. 

El gobierno de Miramón también había contraído deudas con el exterior, al adquirir préstamos por los que se emitieron bonos, y cuyo poseedor más importante era una firma bancaria dirigida por un suizo, después nacionalizado francés. Tal firma bancaria estaba, además, relacionada con los franceses residentes en México, de manera que los bonos Jecker correspondían en realidad a la deuda francesa de México. Los bonos por la deuda del gobierno conservador durante le guerra civil tenía un valor aproximado de 55 millones de pesos, de los que Juárez sólo reconoció la suma de $1 600 000, cantidad real recibida en efectivo por Miramón. La deuda externa de México en 1861 estaba compuesta de la siguiente manera: $69 994 542 a los ingleses $2 800 762 a los franceses $9 460 986 a los españoles.