El Buen Tono

El Porfiriato - Vida Cotidiana

En 1884 se inauguró la fábrica de cigarros El Buen Tono. Su director y fundador fue el empresario francés Ernesto Pugibet, quien se mantuvo al frente de la cigarrera hasta el día que murió, en 1915. Ernesto Pugibet viajó de Francia —su país natal— a Cuba, lugar en donde aprendió todo lo relacionado con el cultivo del tabaco y la manufactura de cigarros. A su llegada a México, el galo instaló una fábrica cigarrera a la que dio por nombre El Buen Tono.

La señora Guadalupe Portilla, esposa de Ernesto Pugibet, presumiblemente fue quien aportó el capital para la creación de la fábrica, que inició como un pequeño negocio familiar ubicado en el centro de la ciudad de México, en la calle de Mesones, sitio en el que la pequeña empresa laboró artesanalmente cerca de seis años. En un inicio, la producción de la cigarrera fue distribuida por el mismo Pugibet, en un carro repartidor a caballo que él mismo manejaba, pero la buena aceptación de sus productos y el aumento del público consumidor lo obligaron a delegar responsabilidades y a ampliar el local en diversas ocasiones.

De la calle de Mesones pasó a la calle de San Felipe Neri, momento en que Pugibet decidió convertirla en una empresa de Sociedad Anónima y para 1897, la fábrica se trasladó al callejón de San Antonio, a un edificio que albergaría cuarenta máquinas para elaborar cigarros estilo francés. La inauguración de este nuevo establecimiento industrial se hizo el sábado 1° de mayo de ese año y a la ceremonia asistieron el general Porfirio Díaz en su calidad de presidente de la República y otros importantes funcionarios como Francisco González de Cosío, José Yves Limantour y Manuel Fernández Leal.

Las descripciones de la época indican que El Buen Tono era una fábrica con excelentes instalaciones y maquinaria moderna, contaba con un gran número de empleados; las oficinas eran lugares confortables, espaciosos, altos, limpios, con buena iluminación y ventilación. Había bodegas para almacenar tabaco en rama y bodegas para almacenarlo procesado. Tenía un taller de litografía donde imprimía sus cajetillas y sus propios anuncios publicitarios. Además de un establo donde se cuidaba a los caballos que se utilizaban en la distribución de los cigarros, animales que más tarde fueron sustituidos por otro tipo de transporte, los tranvías eléctricos.

Es poco lo que se registra acerca del cierre de El Buen Tono, una de las empresas más importantes del periodo porfirista, que tuvo su máximo esplendor durante las dos primeras décadas del siglo XX. En 1961 El Buen Tono cerró sus operaciones y fue adquirida por la Tabacalera Mexicana (hoy CIGATAM) perteneciente a Grupo CARSO, que actualmente labora en la Delegación Azcapotzalco de la Ciudad de México.