Diversiones y festividades

Aires libertarios - Vida Cotidiana

Las festividades en vísperas de la independencia abarcaban dos ámbitos: el cívico y el religioso. Las fiestas cívicas obligatorias eran aquellas que tenía relación con la vida de la familia real de España: jura de nuevos monarcas, bautizos, cumpleaños, nacimientos, santos y bodas. Las que daban cuenta de las relaciones políticas de la monarquía con otras naciones: conmemoración de las victorias conseguidas por las armas reales y la celebración de alianzas. Las protocolarias como la llegada de un nuevo virrey, así como su cumpleaños o santo. Y quizás la más importante era la que conmemoraba la caída de Tenochtitlan en 1521: la fiesta de San Hipólito, conocida como el paseo del pendón. 

Las festividades religiosas oficiales eran la fiesta de la Candelaria, la Semana Santa, el día Corpus Christi, la Asunción de Nuestra Señora, la de Santa Rosa de Lima, la de Nuestra Señora de los Remedios, la de Nuestra Señora de Guadalupe y la festividad de San Pedro y San Pablo. 

Durante los siglos de la dominación española (s.XVI al XIX), dos espectáculos estuvieron presentes dentro del gusto novohispano: los toros y el teatro. No había celebración en la cual no se llevaran a cabo corridas de toros; era común que los cosos se levantaran y desmontaran tantas veces fuera necesario, y no fue sino hasta 1815 cuando se construyó una plaza permanente, la de San Pablo. 

Mayor afición provocó el teatro. Desde 1753, el Coliseo Nuevo fue el centro alrededor del cual giró la actividad teatral y el surgimiento de otro tipo de entretenimiento. En el foro se representaban comedias, sainetes, tonadillas, y bailes. ""El teatro fue en la Nueva España durante el siglo de las luces la diversión pública más protegida y fomentada por los gobernantes y pensadores ilustrados"" -señala el historiador Juan Pedro Viqueira-. 

El baile también estaba presente. Era un género practicado por todas las clases sociales. El carnaval que iniciaba con la Cuaresma marcaba el inicio de una serie de actividades que se desarrollaba en las calles; el ambiente era festivo y se realizaban danzas, paseos, mascaradas y bailes en casi toda la ciudad. 

Por su naturaleza festiva, una gran cantidad de bailes se conocieron en la Nueva España en los últimos años del siglo XVIII y principios del XIX, casi todos pasaban por la censura de la Inquisición, ya fuese por los pasos, por los movimientos que provocaban o por la letra de la música. Entre los más conocidos destacan El Chuchumbé (1766-1784), El Animal (1767-1769), El Pan de Manteca (1769-1796), La Cosecha (1772 y 1778), El Pan de Jarabe (1772-1796), Sacamandú (1778 y 1796), Las Seguidillas (1784-1803), El Jarabe Gatuno (1801-1807), El Torito (1803) y El Vals (1808 y 1817). 

El juego de pelota vasca también era del agrado de la gente, la cancha principal era la de San Camilo y en los encuentros se podía apostar. También los gallos tenían su buena afición. 

En el teatro también se presentaban actos de malabarismo, maromeros, trapecistas, equilibristas y ejercicios de equitación. Había espectáculos de títeres y marionetas presentados por compañías ambulantes que recorrían la capital novohispana para luego adentrarse por el resto del territorio. 

El entretenimiento era variado y las innovaciones llegaron a la capital novohispana, la gente pagaba algunos reales para ver animales exóticos, mujeres y niños deformes que eran presentados como atracciones y fenómenos de la naturaleza; máquinas de perspectiva, linternas mágicas y dioramas. No faltaron por entonces los prestidigitadores o algunos charlatanes científicos que con aparatos mecánicos y físicos impresionaban a los espectadores.