¿Qué hay detrás de la danza folclórica en México?

Artes Escénicas

El término ""folclor"" o ""folklore"" es una palabra que se acuñó a mediados del siglo XIX para nombrar las expresiones culturales populares. En México el folclor se expresó con la exaltación de los elementos que se consideraron propios de la nación, e históricamente se situó en el proceso de consolidación del discurso nacionalista en la cultura durante la primera mitad del siglo XX.  Por lo tanto, el folclor mexicano fue resultado de la política cultural oficial que se desarrolló a partir del impulso del proyecto vasconcelista, que desde la Secretaría de Educación Pública buscó forjar y expandir los saberes, incluyendo las expresiones artísticas.

El ímpetu estatal para consolidar el nacionalismo se expresó a través de diferentes acciones, como los programas de estudios elaborados para las escuelas, el apoyo a los muralistas o la creación de instituciones indigenistas; todo ello porque tanto la educación como el arte se consideraron vehículos fundamentales para que la población identificara lo propiamente mexicano, aunque en el país prevalecieran hondas diferencias entre las regiones, incluyendo la lengua, tradiciones, formas de vida y costumbres. Es decir, era importante unificar la identidad mexicana, y el nacionalismo cultural cumplió con ese fin.

También las artes escénicas estuvieron presentes entre las manifestaciones culturales que se orientaron hacia la consolidación del nacionalismo, entre las cuales la danza obtuvo una atención central. La escuela de danza rusa fue un modelo a seguir para la escuela mexicana, y tuvo una notable influencia en la década de 1920.

Una de las primeras escenificaciones en las que aparecieron los elementos nacionalistas fue ""La fantasía mexicana"" (1919), interpretada por la compañía Anna Pavlova quien utilizó el vestido de la china poblana y su compañero uno de charro. En la época se consideró una obra exquisita que elevaba y dignificaba a las danzas tradicionales mexicanas, y representó todos los elementos que se requerían para conformar el anhelado lenguaje dancístico nacionalista por lo que cautivó a la élite cultural.

Las danzas apoyadas por el gobierno mexicano cumplían la función didáctica de llevar al espectador a una experiencia estética que le hiciera valorar el legado histórico-cultural de México. Con la creación de la Escuela de Danza de la Dirección de Bellas Artes en 1932, este arte se reconoció oficialmente y se hizo posible la profesionalización de la danza, pues además de su ejecución, también se orientó la investigación multidisciplinaria que incluía música, vestuario, movimientos, costumbres, etc.

La danza folclórica se difundió tanto en las escuelas como en las plazas y escenarios de la alta cultura, pues uno de sus  objetivos era alcanzar un público muy amplio. Su arraigo respondió tanto a la propia tradición como a la orientación hacia todos los sectores sociales, todo ello con un amplio apoyo estatal.

Así es como se fue configurando lo que conocemos como ""danza folclórica"", que si bien tiene elementos de las danzas tradicionales de cada región del país, durante el apogeo del nacionalismo cultural posrevolucionario obtuvo un amplio apoyo y difusión, e incluso se estilizó y conformó el corpus dancístico que se conserva hasta la actualidad.