Con el agua hasta el cuello

El siglo de la conquista - Hechos

Cuando Cortés decidió fundar la ciudad española en el islote, estaba escrito que con el paso de los siglos el medio lacustre desaparecería y con él todo su ecosistema. La capital del más extenso virreinato de toda América, la Nueva España, no podría contenerse dentro de los límites naturales de la isla. Varios cronistas y viajeros del siglo XVI compararon la ciudad de Tenochtitlan con Venecia; parecían semejantes por la utilización de canales acuíferos. Venecia logró pasar la prueba del tiempo y conservar sus rutas acuáticas porque nunca fue la capital de un reino.

En México acequias o canales estaban destinados a desaparecer para ser sustituidos por calles de tierra. El diseño de la ciudad lacustre no era funcional para la capital de la Nueva España. Siendo la sede del poder virreinal, los asentamientos humanos irían poblando paulatinamente todos los espacios terrestres y aún los acuíferos para desecarlos y habitar cerca de la ""muy noble y leal ciudad de México"".

En el proceso la ciudad sufrió los violentos embates del agua que se negaba a dejar su lugar a la tierra. 1553 tomó por sorpresa a los españoles. Por primera vez después de la Conquista, la capital de la Nueva España se inundó. Diques y acequias que regulaban las aguas estaban destruidos o deteriorados desde 1521. El virrey Don Luis de Velasco mandó reparar las obras prehispánicas y concibió la construcción de un drenaje que no llegó a concretarse porque al poco tiempo las aguas retrocedieron despejando la ciudad.

La inundación de 1607 puso en evidencia que las obras prehispánicas no eran suficientes para contener las aguas y el virrey Velasco (hijo del anterior) tomó cartas en el asunto. Lanzó una convocatoria para construir un desagüe funcional. Durante la inundación de aquel año, uno de los testigos fue Enrico Martín quien consideraba que si los diques y acequias no cumplían su viejo cometido -que tan buen éxito había dado en la época prehispánica- la solución era desecar el entorno lacustre.

Para bien o para mal, el proyecto presentado por Martín fue puesto en práctica. Proponía realizar las obras del desagüe hacia el norte de la ciudad, por la parte de la Laguna de San Cristóbal Ecatepec. Sería conocido como desagüe de Huehuetoca y resultaba atractivo porque pretendía realizarse a través de un tunel y no a tajo abierto. La idea era desecar la llamada Laguna de México -que rodeaba la ciudad desde el reinado de Moctezuma I- y que las aguas encontraran salida por la región norte del valle de México.

Iniciada en 1607, la construcción se realizó en menos de un año y se llevó todas las críticas posibles. Mal hecha, la obra empezó a mostrar vicios ocultos, además de cuarteaduras, derrumbes y azolves, situación que generó mayores gastos por reparaciones.  En 1612 el virrey fray García Guerra y el ayuntamiento de México informaron al rey de España que ""la obra ejecutada por Enrico Martín no era suficiente para poner a la ciudad a cubierto de las inundaciones, que se habían gastado 413,324 pesos y que habían trabajado en la obra 1 millón 126 mil 650 peones"". A pesar del informe, la obra fue revisada por varios especialistas y Enrico Martín fue autorizado a continuar con su proyecto.

En 1622 la ciudad volvió a ser presa de las aguas, por culpa del no muy brillante virrey marqués de Gelves quien ordenó cerrar las obras de desagüe para cerciorarse por sí mismo si era cierto el peligro que enfrentaba la ciudad. Por primera vez desde 1521 se consideró seriamente la posibilidad de trasladar la capital de la Nueva España a otra región.

Entre los dimes y diretes y la polémica desatada por el proyecto para el desagüe cubierto de Enrico Martín, en 1629 las condiciones climáticas y el cierre de algunos tramos de la obra provocaron la peor inundación en la historia de la ciudad de México.

Los estragos fueron terribles, cerráronse los templos, suspendieron sus trabajos los tribunales, arruinóse el comercio, comenzaron a desplomarse y a caer multitud de casas... en menos de un mes habían perecido ahogados o entre las ruinas de las casas más de treinta mil personas y emigrado más de veinte mil familias, quedando apenas cuatro mil en la ciudad. La misa se celebraba en los balcones y en las azoteas; y el tránsito por las calles sólo podía hacerse en canoas, y en canoas se hizo en México una solmene procesión a la virgen de Guadalupe.

La ciudad estuvo anegada durante seis años y finalmente decidió desecharse el proyecto de Martín y sustituirlo por un tajo abierto por donde corrieran las aguas hasta Huehuetoca.