Campaña de Hidalgo

Aires libertarios - Hechos

Miguel Hidalgo inicia la guerra de independencia con un ejército de voluntarios que se van uniendo a la causa en los días inmediatos al 16 de septiembre de 1810. Entre las tropas rebeldes se encuentran los presos de la cárcel de Dolores, vecinos de distintos poblados, indígenas que siguen al cura, y militares profesionales, encabezados por Allende, del Regimiento de Dragones de la Reina. 

En Atotonilco, Hidalgo tomó un estandarte de la virgen de Guadalupe y lo convirtió en la bandera de la causa insurgente. En los días siguientes los rebeldes avanzaron sobre San Miguel el Grande y luego sobre Celaya. 

El 28 de septiembre, Hidalgo se presentó frente a Guanajuato seguido de más de veinte mil hombres y solicitó la rendición de la plaza, sin embargo, el intendente Juan Antonio Riaño se opuso y decidió hacerse fuerte en la Alhóndiga de Granaditas. Los insurgentes la tomaron por asalto, arrasaron todo a su paso y no dejaron a ningún enemigo con vida. 

Días después, Hidalgo ordenó el avance rumbo a Valladolid para preparar, posteriormente, el avance sobre la ciudad de México. En el camino, en los pueblos de Charo e Indaparapeo se entrevistó con Morelos a quien encomendó insurreccionar el sur. En Acámbaro, Hidalgo fue proclamado Generalísimo y Allende fue ascendido a Capitán General. Al acercarse a la capital novohispana, Hidalgo ya contaba con más de 80 mil hombres mal armados y en completo desorden. 

El 30 de octubre de 1810, los insurgentes derrotaron a las tropas realistas en la batalla del Monte de las Cruces, con lo cual se abrió la posibilidad de avanzar sobre la ciudad de México, sin embargo, en el último momento, Hidalgo decidió no hacerlo y prefirió retirarse a pesar de la oposición de Allende y otros militares. [caption id=""attachment_3196"" align=""alignleft"" width=""370"" caption=""Mapa de la campaña de Hidalgo""][/caption] 

Las diferencias entre Hidalgo y Allende eran evidentes desde el inicio del movimiento. Desde un principio, el capitán criticó la forma como el cura había formado al ejército, fustigó con dureza que Hidalgo permitiera las matanzas y el saqueo, como ocurrió en Guanajuato. También se opuso a la serie de asesinatos de españoles que permitió Hidalgo en Guadalajara. Allende pensaba que para beneficio de la causa era mejor organizar un ejército disciplinado, con tropas de distintos regimientos que se sumaran a la causa, que supieran combatir y que respetaran las propiedades y las vidas de los inocentes. 

En vez de ocupar la ciudad de México, Hidalgo marchó hacia Querétaro y en el camino desertaron muchos de sus hombres. El 6 de noviembre de 1810, cerca del pueblo de San Jerónimo Aculco, se encontraron insurgentes y realistas. Bastaron algunos movimientos del brigadier Félix María Calleja para que los insurgentes abandonaran el campo en desbandada.

Mapa de la campaña de Hidalgo

Las diferencias entre Hidalgo y Allende los llevaron a tomar caminos diferentes. Hidalgo se fue para Valladolid y luego a Guadalajara. Allende, con el resto del ejército y los principales generales, trató de hacerse fuerte en Guanajuato pero fue derrotado nuevamente por Calleja quien no tuvo misericordia con aquellos que apoyaban la causa insurgente. 

Allende marchó hacia Guadalajara para reencontrarse con Hidalgo. El capitán tenía la intención de envenenar al cura para acabar con los males que había propiciado, sin embargo, nunca logró llevar a cabo su plan. En Guadalajara, Hidalgo no sólo reunió nuevamente un numeroso ejército, tomó varias medidas políticas importantes como decretar la abolición de la esclavitud y la restitución de tierras (diciembre de 1810). 

Sin embargo, más temprano que tarde los insurgentes volvieron a encontrarse con los realistas en el campo de batalla. El 17 de enero de 1811 se llevó a cabo la batalla de Puente de Calderón, a las afueras de Guadalajara. A pesar de la superioridad numérica de los insurgentes, su desordenado proceder y su indecisión terminó por ser su peor enemigo y fueron derrotados por Calleja. 

Hidalgo y el resto de los jefes insurgentes decidieron marchar a Estados Unidos para buscar apoyo material y moral y reorganizar la lucha. Finalmente las diferencias entre Allende e Hidalgo se materializaron en un hecho concreto. En Aguascalientes, el cura fue despojado del mando que le fue entregado al militar. 

El 21 de marzo de 1811, los caudillos fueron traicionados en las Norias de Acatita de Baján, en Coahuila, por Ignacio Elizondo. En la emboscada fueron apresados poco más de mil hombres. Hidalgo, Allende, Aldama y Jiménez fueron conducidos a Chihuahua en una travesía que duró más de un mes. Ahí fueron procesados y condenados a muerte.