Avenida Juárez

Datos Curiosos

Alejandro Rosas

Obligado por las circunstancias tuvo que abandonar la ciudad de México y recorrer el territorio nacional defendiendo la legalidad. Cuatro años tardó en regresar a la capital, a donde se había jurado volver, y el 15 de julio de 1867, don Benito se dispuso a ocupar la Plaza Mayor desfilando por una calle que con el tiempo se hizo célebre: Avenida Juárez.

     El recorrido comenzaba a los pies de la famosa estatua ecuestre de Carlos IV, “El Caballito”, donde convergían el Paseo de la Reforma y el Paseo de Bucareli. Con dirección al zócalo, la avenida estaba conformada por varias calles muy antiguas, que contaban sus propias historias.  

     La primera fue conocida como calle del Calvario, nombre otorgado por una capilla del siglo XVIII donde regularmente terminaban los rezos de las estaciones del Vía Crucis que comenzaban en el templo de San Francisco. La siguiente parte, nada tenía de religiosa, era la temible calle de la Acordada, en la cual se levantaba el edificio que durante el periodo colonial funcionó como una de las peores prisiones del virreinato. La Santa Hermandad estaba a cargo de la cárcel, y como cuerpo de seguridad tenía derecho de “escoger los medios más activos para dar fuerza a la justicia y reprimir con el castigo la maldad”. Durante años, la delincuencia fue reprimida brutalmente y “La Acordada” se convirtió en sinónimo de muerte.

      Las calle del Hospicio de Pobres y de Corpus Christi daban su nombre a la parte final de la avenida. Ahí se erigía el Convento de Corpus Christi que durante los años del México colonial estuvo habitado por religiosas capuchinas indias. Su iglesia, sin embargo, tuvo un curioso destino en la década de 1920. El gobierno la puso a disposición del patriarca Pérez, máximo representante de la iglesia cismática mexicana que pretendía, con el apoyo de Calles, ser independiente de Roma.

      Frente a Corpus se localizaba el paseo que por siglos fue el más tradicional de México: la Alameda -primer jardín de la Nueva España y lugar de reunión de la sociedad capitalina desde el siglo XVI. Las calles de la futura Avenida Juárez desembocaban en la esquina de San Juan de Letrán y el trayecto hacia la plaza mayor continuaba por la célebre  calle de San Francisco, que comenzaba en al jardín Guardiola junto al edificio del Jockey Club –famoso centro de reunión para los porfiristas ricachones.

      Aquel 15 de julio de 1867, el presidente Juárez desfiló pausadamente frente a la Alameda Central, lo hizo sin ninguna prisa. Sabía esperar; había esperado cuatro largos años. La ciudad le brindó una magna recepción: flores, arcos triunfales y banderas  saludaron a la república. Para recordar la fecha y rendir honores a don Benito, el ayuntamiento de la capital decidió rebautizar aquel conjunto de calles. Desde entonces escribió su historia con el nombre de Avenida Juárez.