Aliados de las aguas

El siglo de la conquista - Hechos

Si la naturaleza inhóspita del islote había sido vencida cambiando tan sólo el uso de sus recursos y no modificando su medio ambiente, el exterior presentaba otros obstáculos que el pueblo del sol también utilizó en su favor. Gran parte de la calidad de las aguas que rodeaban a la isla parecían difícilmente aprovechables.

Al momento en que los aztecas se asentaron en el islote donde fundaron su ciudad, las salobres aguas del lago de Texcoco -al este- la rodeaban por completo y sólo en el sur se mezclaban con las aguas dulces de Xochimilco que si bien no eran potables, favorecían la agricultura en chinampas. Para la capital azteca era imprescindible que las aguas dulces rodearan Mexico-Tenochtitlan y el lago de Texcoco fuera contenido para evitar la mezcla de ambas e impedir al mismo tiempo una posible inundación en caso de que el nivel del lago aumentara.

Sin perder de vista los elementos estratégicos, propios del pueblo guerrero, los aztecas construyeron tres calzadas-dique, mediante las cuales la isla se comunicaba con tierra firme y cuya principal función era regular el nivel de las aguas, facilitar su evaporación, permitir su entrada y salida y controlarlas para favorecer el tránsito en los canales o acequias internas. Hacia el oeste de la isla corría la calzada principal llamada Tlacopan (Tacuba); hacia el sur México-Tenochtitlan tocaba tierra a través de la calzada de Iztapalapa; orientada hacia el noreste partía la de menor importancia, la del Tepeyac. En caso de amenaza militar, las tres contaban con distintos cortes, compuertas y puentes móviles que podían retirarse en un instante lo cual dejaba aislada a la capital azteca y lista para la defensa.

Pero quizá la obra hidráulica más importante fue la albarrada de los indios -también llamada de Netzahualcóyotl. Bajo el reinado del quinto monarca azteca, Moctezuma Ilhuicamina (1440-1468) la ciudad se inundó (1449). No era la primera vez, pero desde la fundación de la ciudad era la más severa. ""Crecieron tanto las aguas de esta laguna mexicana -escribiría Torquemada-, que se anegó toda la ciudad y andaban los moradores de ella, en canoas, y barquillas, sin saber qué remedio dar, ni cómo defenderse de tan grande inundación"". Netzahualcóyotl, rey de Texcoco, aconsejó ""que el mejor y más eficaz remedio del reparo era hacer una cerca de madera y piedra que detuviese la fuerza de las aguas para que no llegasen a la ciudad; y aunque parecía difícil atajar el lago (como en realidad lo fue) húbose de tomar el consejo"".

Todos los señoríos cercanos contribuyeron en tan ardua empresa, miles de hombres y recursos se utilizaron para la obra y en poco tiempo fue terminada. Con una longitud de 16 kilómetros -varios de los cuales se construyeron en el agua- y quince metros de ancho, la albarrada de Netzahualcóyotl dividió la vasta laguna en dos: ""la del oriente, de aguas saladas, que siguió llamándose lago de Texcoco y la occidental, cuyas aguas rodeaban a la metrópoli y se denominó laguna de México, cuyas aguas se volvieron dulces"". Una efigie del dios Huitzilopochtili coronaba la magna obra.

A salvo de las inundaciones y con agua dulce rodeando la ciudad imperial, los aztecas jamás concibieron desechar las aguas de Texcoco y las explotaron para producir sal -un elemento más para consolidar su poderío frente a los pueblos vecinos a quienes abastecían del preciado condimento. Antonio de Solís, cronista de Indias, dejó para la historia una descripción de la gran división lacustre realizada por los aztecas, tal y como la vieron por vez primera, en 1519 los españoles.

""Tendría este pequeño mar treinta leguas de circunferencia, y los dos lagos que le formaban  se unían y comunicaban entre sí por un dique de piedra que los dividía, reservando algunas aberturas con puentes de madera, en cuyos lados tenían sus compuertas levadizas para cebar el lago inferior siempre que necesitaban de socorrer la mengua del uno con la redundancia del otro: era el más alto de agua dulce y clara, donde se hallaban algunos pescados de agradable mantenimiento [la laguna de México formada por las aguas del lago de Xochimilco] y el otro de agua salobre y oscura, [Texcoco] semejante a la marítimas; no porque fuesen de otra calidad las vertientes de que se alimentaba, sino por vicio natural de la misma tierra donde se detenían, gruesa y salitrosa por aquel paraje; pero de grande utilidad para la fábrica de la sal"".

El uso integral que los aztecas daban a las aguas de la región se completaba con el abastecimiento de agua potable a Tenochtitlan. Desde la fundación de la ciudad, la escasez de agua para este uso fue uno de los principales problemas. Huitzilíhuitl, segundo rey azteca (1417-1426), logró que el señor de Azcapotzalco autorizara la construcción de un pequeño acueducto desde Chapultepec que con el tiempo llegaría a ser otra de las grandes obras del imperio azteca y su principal fuente de abastecimiento de agua.

Ya en funcionamiento el acueducto de Chapultepec, el octavo monarca azteca, Ahuízotl (1486-1502) ordenó la construcción de uno nuevo para llevar agua desde Coyoacán a fin de mantener fresca la ciudad y esplendorosos sus jardines. Siendo tributario de los mexicas, el señor de Coyoacán no se rehusó en ceder sus fuentes, pero advirtió ""que de cuando en cuando aquellas se derramaban y hacían mucho daño en la ciudad, y así temía que haciéndole fueza y violencia subiría demasiado y que anegaría la ciudad de México"". Ahuízotl consideró la advertencia como un desafío a su poder y lo mandó matar. Tiempo después se inauguró fastuosamente la nueva obra y el agua comenzó a llegar a la ciudad.

""Salió tan gran golpe de agua y tan viva que parecía quererse subir por las paredes de las casas de la ciudad, con tan gran violencia que en breve espacio de tiempo la anegó y ahogó mucha gente de ella; y por otra parte de la laguna se levantaban muchas oladas de ella, que causó grande terror y espantos a todos los que las veían, que parecía que se levantaban hasta el cielo"".

El rey mandó cerrar la fuente de inmediato, pero el daño estaba hecho: Mexico-Tenochtitlan tendría que reedificarse sobre el fango y los restos de la ciudad. Por lo pronto, la albarrada de Netzahualcóyotl fue reconstruida con la recién descubierta cantera de tezontle y la superficie de la isla se levantó artificialmente a la altura de un hombre. En medio de la gran inundación y al tratar de salir del palacio, el rey Ahuízotl se pegó en la cabeza lo que tiempo después -según refieren las crónicas- le provocó la muerte.

Cuando los españoles llegaron a México, el acueducto de Chapultepec era tan funcional como los utilizados en Europa. Contaba con dos canales; mientras por uno corría el ""agua más clara que el cristal"", el otro era sometido a limpieza y mantenimiento. Al llegar a la ciudad, una parte se destinaba a los palacios y casas de los señores a través de conductos subterráneos. El resto se distribuía transportada en canoas. En una de sus cartas de relación a Carlos V, Hernán Cortés describió el magnífico acueducto:

""Vienen dos caños de argamasa tan anchos como dos pasos cada uno... por uno de ellos viene un golpe de agua dulce muy buena, del gordor de un cuerpo de hombre, que va a dar al cuerpo de la ciudad, de que se sirven y beben todos. El otro que va vacío es para cuando quieren limpiar el otro caño, porque echan por allí el agua en tanto que se limpia... echan la dulce por unas canales tan gruesas como un buey y así se sirve toda la ciudad. Traen a vender el agua por canoas por todas las calles: y la manera como la toman del caño es, que llegan las canoas debajo de los puentes, por donde están las canales y de allí hay hombres en lo alto que hincen de agua las canoas"".

Aquella obra ponía de manifiesto la verdadera y posiblemente única debilidad de la capital azteca: la población en su totalidad dependía casi exclusivamente de la fuente pura y cristalina de Chapultepc. El imperio mexica viviría mientras el agua corriera por el magnífico acueducto que desde el ""cerro del chapulín"" abastecía a la legendaria Tenochtitlan.