Abundio Martínez

Hidalgo - Cultura

Supo divertir a la alta sociedad y a los paupérrimos; enfrentarse a un trágico destino componiendo más y mejor, en el viejo piano del cuartucho donde vivió en la miseria. Olvidado en el tiempo, hoy se reconoce como el gran compositor de Huichapan, para orgullo de todos los mexicanos.
Nació el 8 de febrero de 1875; su padre fue carpintero y director de la banda de música, le enseñó a manejar la garlopa, sierra y cepillo, como la trompeta, violín y tambor. Toda la familia, buscando mejor vida, partió a la Ciudad de México y aquí comenzó la maravillosa historia de Abundio Martínez.
Le gustaba escuchar a la banda de Zapadores que ensayaba y dirigía Miguel Ríos Toledano, en la actual calle de Corregidora. Un día el maestro invitó al curioso a formar parte de la banda al comprobar sus dotes musicales y dominio del clarinete; no sólo entró, sino que compuso la marcha En la Campaña, editada por la casa Langel y después en la Wagner.
De sus manos salieron los valses Arpa de Oro, En altamar y Onda cristalina. Su música se tocaba en todas las fiestas de la época y bailaron desde los científicos porfiristas hasta los parranderos de cantinas. Sus valses alegraron a medio mundo, pero él siguió tan pobre como siempre.
Víctima de la tuberculosis, se refugió en la composición hasta el 26 de abril de 1914 que no pudo más. Fue enterrado en el Panteón de Dolores. Treinta años después, los habitantes de Huichapan levantaron un monumento en su honor.
La Paz de México, El Popular, Delirios de amor, Ensueños, Cuca, El siglo XX, Frente al destino y Consuelo son algunos títulos de Martínez que definieron su existencia.