Tatuajes prehispánicos

El siglo de la conquista - Vida Cotidiana

En numerosos museos arqueológicos se exhiben sellos y rodillos referidos como ""pintaderas"", objetos estilizados que las culturas prehispánicas emplearon para tatuar y que han sido rescatados del olvido en ámbitos geográficos y culturales vastísimos, desde la selvas centroamericanas hasta el Estado de Utah en Norteamérica.

Las cronologías de su manufacturación van desde el preclásico (establecimiento de las primeras sociedades agrícolas) hasta el posclásico (asociado a la caída de ciudades-estado).

Desgraciadamente, el tiempo únicamente ha permitido registrar cuatro materiales de manufacturación, miles hechas de barro, dos piezas labradas a partir de piedras provenientes de Yucatán, otra de cobre de la región de Pátzcuaro en Michoacán y una más de hueso encontrada en Xochimilco, en el centro de México.

Sus formas transitan entre dos vertientes, las de superficie plana con una o más figuras dibujadas y las de forma cilíndrica, siendo las de diseños cóncavos y convexos intermediarias entre ambas.

Los tamaños dependieron de la sección anatómica a la que estuvieron destinadas; las más grandes fueron impresas en espalda, pecho, nalgas o muslos, mientras que las de menores dimensiones encontraron su destino en brazos, cuello, vientre, zona sacra o rostro -sección de gran recurrencia por su visibilidad y dimensión expresiva-.

Los diseños, tamaños y colores con que se imprimían generaron una amplísima gama de combinaciones; la asombrosa diversidad de diseños abarca flores, mazorcas de maíz, enredaderas, aves -especialmente águilas-, soles, plumas, motivos acuáticos, crestas, corazones, seres fantásticos, múltiples deidades, así como glifos y grecas colocadas rítmicamente o entramados abstractos y símbolos geométricos, cuyos referentes directos, en muchos casos aún desconocemos.

El proceso del tatuaje consistía en entintar las pintaderas con pigmentos vegetales y minerales para luego imprimirlos o rodarlos sobre la piel, según la sección corporal que hacía de lienzo receptor, aunque no se puede descartar la posibilidad de que sirvieran de fondo a otros dibujos más elaborados, hechos con algún pincel similar a los que utilizaron los tlacuilos para realizar los códices, y tampoco que los dibujos fueran marcados hasta el tejido subcutáneo con cuchillos de obsidiana o largas espinas de cactáceas, tal como lo refirieron perplejos algunos misioneros.