¿Marina o Malinche?

El siglo de la conquista - Hechos

En vida, sólo unos cuantos documentos se ocuparon de ella; la historia le otorgó tantos nombres como personalidades, llamándola Malinal, Malinalli, Malítzin, Tenepal, Malinche, Marina la lengua, Marina la de Cortés; esas numerosas variantes hacen imposible saber con precisión su verdadero nombre indígena. 

    Las escasas descripciones la refieren de ""gran hermosura"" y dotada de ""una suave y hermosa voz"", respecto de su origen se escribió que siendo apenas una niña fue raptada -y aquí las versiones oscilan-, o fue vendida por mercaderes u ofrecida como tributo a un noble indígena.

    Para la historia, La Malinche emergió cuando se adhirió a los conquistadores, al ser regalada junto con otras mujeres a Hernán Cortés, convirtiéndose en la primera cristiana nacida en el continente americano, lo que aconteció en una ceremonia bautismal semejante a un exorcismo por medio del cual se pretendió extraerle los demonios internos del paganismo. 

    A partir de entonces, fue una pieza estratégica durante el periodo de la conquista, desempeñándose como intérprete, negociadora, informante -acerca de ubicaciones, tipos de organización, producción y costumbres de las civilizaciones en vías de ser conquistadas-; también fungió como oradora al servicio de los invasores -como en el caso del capítulo de Zempoala, donde convenció a los habitantes de destruir a sus ídolos-. Finalmente, fue esposa de Hernán Cortés con quien concibió al primer mestizo, Martín Cortés.

    Para la historia oficial española fue una aliada, cuya imagen fue elevada a figura romántica por autores que le atribuyeron los valores de la nobleza europea: ""culta"", ""rica"", ""bien vestida"", ""de modales elegantes"", distanciándola de la rudeza con la que se asoció a la imagen del indio. Tras la conquista ""fue con su esposo a España, donde la trataron con la distinción que merecía después de los servicios prestados a la corona"".

    En el imaginario popular mexicano, su figura fue remitida a dos realidades infravaloradas por la idiosincrasia mexicana: lo femenino y lo indio, dando lugar a la representación arquetípica de la traición, que pervive en el término ""malinchista"". No sabemos la fecha de su muerte ni su lugar de entierro, pero en algunas leyendas es un alma en pena llorando y lamentándose del destino de sus hijos -los mestizos- lo mismo por Chapultepec que por Texcoco.