Los 80: un reloj de plástico

La época de las crisis - Vida Cotidiana

Yo también deseé un Swatch. Ni siquiera hay que decir ""reloj"" para que la gente entienda a qué nos referimos, es como decir ""kleenex"". En los años de mi preparatoria, el mundo de los ochenta invadió nuestras vidas, o sea, primero muerta que no acudir bien vestida a la escuela. Y el famoso Swatch era parte del outfit.

En ese momento el reloj, como tantos otros preciosos objetos de consumo, sólo se conseguía vía encargo a quien fuera ""al otro lado"" o en Tepito. Mi hermana y yo ahorramos los dólares necesarios, creo que como 70, para encargarlo a una prima que era aeromoza y que se dedicaba a traer ropa y otros encargos de Estados Unidos. Y un día llegó el Swatch.

Mi hermana y yo nos disputamos el estreno: un reloj delgado, negro en su totalidad con tan solo unas agujas blancas para marcar las horas. Un hermoso reloj de plástico. Cuando regresamos a casa eufóricas por la adquisición, mis padres vieron el reloj y sorprendidos dijeron: ""Pero si es un reloj de plástico"". Sí, contestamos al unísono, exactamente.

Se supone que la palabra Swatch se compone de la contracción de ""Second watch"", lo cual define perfectamente el concepto de los aparatos. En la década de los ochenta la industria relojera suiza estaba en crisis y este reloj vino a rescatarla.

La innovación era absoluta y de ahí el éxito, pues de lo que se trataba era de colocar en el mercado un producto acorde con los tiempos. Algo que todo el mundo deseara y que hasta entonces se consideraba objeto de alto consumo, de precio asequible pero que identificara al portador como sujeto con cierta capacidad de compra, entendido en la moda y dispuesto a todo para cumplir con sus exigencias. Y eso, justo, eran los ochenta.

En los sesenta el plástico había pasado por su primer boom, cuando se empezó a utilizar en la fabricación de objetos de uso cotidiano, desde peines hasta muebles. En los ochenta,  se optó por aprovechar sus cualidades de resistencia, bajo peso, aislamiento y flexibilidad y se usó en todo: en computadoras, teléfonos, en el transporte, como envase, etcétera. De modo que cuando la marca diseñó el reloj lo hizo pensando en el mercado ideal, y en el momento ideal.

Sin embargo, tener el reloj no era todo. Había que usarlo con los Levi’s 501, los tenis Van’s, las camisas Aca Joe, con mallones y zapatos flats, con cuero, grandes hombreras, con lentejuelas o acompañando la bisutería. Ir a la prepa era un martirio diario, pero el reloj de plástico ayudaría a paliarlo.