La otra Antonieta

La reconstrucción - Vida Cotidiana

Era una mujer inquieta, curiosa y atrevida que nació con el siglo. Antonieta Rivas Mercado rompió con los moldes sociales y culturales de los convulsionados años veinte. Encabezó una cruzada personal cuando México se buscaba a sí mismo en sus propias entrañas.

Su apoyo a la cultura a través de su mecenazgo; su intensa relación con intelectuales, escritores, pintores; su convicción democrática, política -y desde luego romántica- apoyando el antirreeleccionismo en 1929, construyeron una imagen que hoy se debate entre el mito y la realidad, pero que logró ocupar un sitio que parecía exclusivo de los hombres.

Antonieta fue una mujer que se entregó con generosidad; que no conoció límites, que mostró su devoción por Manuel Rodríguez Lozano (artista plástico de quien amaba su palabra y no su pintura), junto a una actitud pragmática por su propia familia. Desde el universo de sus utopías tuvo que enfrentar la burocracia del departamento de Cultura -cuya dirección estaba a cargo de Carlos Chávez hacia 1929-, y al mismo tiempo, los sinsabores del divorcio y la separación física de su hijo.

Por si fuera poco, probó la amargura de la derrota en la campaña electoral de 1929, y al final se quedó sola; en un camino que sólo la podía regresar a su universo utópico: el de la muerte, que tomó por mano propia en 1931.

Mujer de decepciones. Se decepcionó de su familia: a la muerte de su padre en 1927, la corrieron de la casa de Héroes; se decepcionó de Rodríguez Lozano quien no correspondió a su amor como ella esperaba porque era homosexual; se decepcionó cuando la separaron de su hijo.

Pero la mayor de todas sus contrariedades vino, cuando enamorada de la persona, de la imagen y pensamiento de José Vasconcelos apostó todo por él, su vida y su patrimonio, lo que le quedaba. Antonieta le otorgó todo a Vasconcelos: su capital humano y material para apoyar la campaña antirreeleccionista de 1929. El maestro perdió las elecciones presidenciales y con ello lo que lo rodeaba, incluida la propia Antonieta.

Después del fallido Plan de Guaymas, Vasconcelos y Antonieta viajaron a Europa, en donde intentaron reactivar su ideología. Antonieta empeñó sus joyas para publicar los últimos libelos vasconcelianos de aquella época. Fue demasiado para ella.

Antonieta Rivas Mercado se suicidó el 11 de febrero de 1931, dentro de la catedral de Notre Dame, bajo la imagen de la virgen de Guadalupe, con la pistola que Vasconcelos siempre traía consigo.

Antonieta, mujer de estirpe, adelantada a su época, mecenas y fundadora de una concepción del arte moderno mexicano, ""la lepra mexicana"", como le denominaron durante la campaña del 1929, murió por sus convicciones y pasó a ser un mito como sólo lo han hecho, mujeres del calibre de Frida Kahlo y Tina Modotti.