La llegada del telégrafo a México

La época de la anarquía - Hechos

Es en 1880 cuando se inaugura el ferrocarril México-Toluca y en 1897 inician las operaciones en el tramo Toluca-Tenango; dos años más tarde, el ferrocarril alcanzaba una extensión de 24 kilómetros y conectaba las poblaciones de Toluca, Metepec, Mexicaltzingo, Calimaya y Tenango.

Posteriormente se realizó una prolongación de la vía del ferrocarril que llegaba hasta Atlatlahuca. En aquel momento, la construcción de la vía férrea se concedió a la compañía Henkel, con el derecho de teléfono y telégrafo incluidos.

En México ya se había establecido el servicio de telégrafo por parte de Juan de la Granja en 1850 cuando hizo una demostración pública enviando un telegrama entre el Palacio Nacional y el Colegio de Minería, incluso queda constatado en su epitafio: ""El primero que estableció en la república el telégrafo electromagnético"". Fue casi un año después, el 5 de noviembre de 1851, que se inaugura por el presidente Mariano Arista la primera línea telegráfica que comunicaba la Ciudad de México con el poblado de Nopalucan, Puebla. En 1852 la línea se extendió hasta Veracruz. Al siguiente año, se terminó otra línea, la llamada ""del interior"", que comunicaba la capital con Guadalajara y León.

La primera oficina de telégrafos fue en las calles de Damas y San Felipe Neri, hoy República del Salvador y Bolívar. Para 1854, las líneas tendidas cubrían una distancia de 608 kilómetros y existían seis oficinas de telégrafos en las ciudades de México, Orizaba, Jalapa, Veracruz, Guanajuato y León. Paulatinamente empezaron a cubrirse los puntos más importantes a lo largo del territorio nacional, hacia el noreste y noroeste, el primer contacto con la frontera de Estados Unidos ocurrió en 1873.

Durante el Porfiriato, las líneas telegráficas alcanzaron más de 40,000 kilómetros de longitud y más de 400 oficinas en todo el país debido a la fuerte inversión extranjera por la que abogaba el mandatario. El telégrafo formó parte de las piezas clave durante el período revolucionario e incluso para la organización del derrocamiento de Porfirio Díaz.

Con la aparición de nuevas tecnologías en las telecomunicaciones, el telégrafo, ese que con puntos y rayas sirvió para transmitir miles de informes, saludos, felicitaciones, buenas o malas noticias, quedó en el olvido de muchos y como un recuerdo más de aquellos que ejercían el oficio de telegrafista.