Una mirada japonesa a la Decena trágica

La revolución - Hechos

 Recientemente, el investigador japonés Shozo Ogino Fujioca, realizó un ensayo narrativo en que pondera tres momentos cruciales en la historia de las relaciones México-Japón. Se trata de tres eventos significativos, sobre todo porque, lo que inició como un acuerdo político-diplomático-comercial (1888, 1910), terminó siendo un asunto de colaboración política (1913), por los sucesos de la Decena Trágica que terminaron con la vida del presidente Madero.

Ogino comienza su ensayo, con una serie de cuestionamientos básicos: ""¿Por qué la Embajada de México en Japón está construida en un lugar tan destacado de Tokio? ¿Cómo participó Japón en las Fiestas del Centenario de la Independencia de México en 1910? Y ¿de qué forma amparó el gobierno de Japón, a través de su Embajada y del Ministro Kumaichi Horiguchi a la familia del presidente Madero durante los días de la Decena Trágica?""

Sobre el primer rubro, comenta, que la Embajada mexicana fue construida en el centro político de Japón, como un mero gesto de agradecimiento al gobierno mexicano del presidente Porfirio Díaz por haber apoyado la firma del Tratado de Amistad y Comercio entre las dos naciones el 30 de noviembre de 1888. A los ojos de las autoridades japonesas, con la firma de dicho acuerdo, México otorgaba un trato igualitario a la nación oriental, que buscaba, al igual que su contraparte, un despunte modernizador para instalarse en el concierto de las naciones. Cabe señalar que hasta entonces Japón había realizado varios acuerdos con países europeos que resultaron ventajistas únicamente para los de occidente.

Durante las fiestas del Centenario, la delegación japonesa regaló al gobierno de México un reloj monumental y dos floreros de cerámica Satsuma. Ellos mismos organizaron una magna exposición que inauguró el propio presidente Díaz y una cena de gala en el Castillo de Chapultepec.

Y aunque algunos meses después estalló el movimiento armado de 1910, era claro que las relaciones entre ambas naciones estaban selladas por la amistad y el intercambio comercial como quedó establecido desde 1888.

Tanto el ministro Horiguchi como su esposa Stina, de origen belga, entablaron una cercana amistad con las familias políticas y pudientes del país, destacando la relación entre Stina y doña Carmen Romero Rubio de Díaz, quien asistía con mucha frecuencia, a los eventos diplomáticos y políticos que realizaba la legación japonesa con el fin de promover las inversiones recíprocas entre ambos países.

Para 1911, llegó a México el hijo del embajador japonés de nombre Daigaku, quien desde su arribo comenzó a escribir, en forma de diario, cualquier suceso que resultaba de su interés. Por supuesto uno de los acontecimientos dignos de resaltar es la puntual descripción, día a día, de los eventos entre el 9 y el 22 de febrero de 1913.

Según anota, la familia del presidente Madero llegó a la legación japonesa, ubicada en la calle de Orizaba, en seis vehículos, de los que descendieron, ""Sara Pérez, esposa de Madero, sus hermanas Mercedes y Angelina, hijos y sirvientes"". Un piquete de soldados federales ordenó la entrega de los huéspedes. El Ministro japonés, en respuesta, extendió la bandera nipona a la entrada, argumentando que si la pisaran, ""ello sería motivo para una confrontación diplomática"".  A la sede diplomática, que se había convertido en una romería, constantemente llamaba por teléfono el presidente Madero ""con el fin de saber sobre la salud de su esposa y de sus padres"".

El relato de Daigaku, continúa puntualmente, destacando pormenores y detalles cotidianos de ""los pájaros que vinieron a refugiarse al  seno del protector"". Como dormían (algunos incluso sobre la mesa de billar), lo poco que comían, del jerez que bebían, de las angustias, que hora con hora y día con día, les provocaban la noticias del exterior, hasta la noche del 17 en que los Madero decidieron regresar a la casa presidencial en el Castillo de Chapultepec.

Tres días después se enteraron de la muerte de Gustavo, el hermano del presidente Madero, quien fue capturado y torturado hasta la muerte por sus captores, precisamente en los días en que estaba a punto de partir a Japón en visita protocolaria.

Daigaku, con pena y dolor describe los momentos en que llegó la noticia del asesinato del presidente Madero y posteriormente la visita de éste y de varios Ministros extranjeros para recuperar el cadáver.

Un par de meses después de los terribles acontecimientos, el gobierno de Japón ordenó la retirada del Ministro Horiguchi, dando por terminadas las relaciones entre ambos países. Antes de su despedida, escribió: ""Me atrevo a decir, he elevado la dignidad de mi patria. Utilizando las tácticas sabias, salvé una crisis. La guerra ya ha terminado, todo anda bien en el mundo. Estoy en camino a casa, viento en popa"".

Sobre la Decena Trágica existen miles de páginas escritas y diversas versiones, entre protagonistas, testigos e historiadores. El diario de Daigaku Horiguchi fue publicado en 1948 bajo el título Ramo de flores blancas. Noble tarea la del historiador, rescatar novedosas visiones que hacen que un hecho tan significativo como éste tenga nuevas interpretaciones.