El ataque de los Imecas asesinos

La época de las crisis - Hechos

Desde los años setenta, la Ciudad de México presentaba serios problemas de contaminación ambiental. Se acercaba a los 12 millones de habitantes, concentraba a numerosas industrias, los automóviles se multiplicaban, y la crisis económica aumentaba cotidianamente.

Al mediar la siguiente década, fue evidente que la contaminación era un asunto a tratar desde todos los frentes: los problemas de salud de los capitalinos producto de respirar un aire putrefacto, el tráfico vehicular cada vez más insostenible, la poca visibilidad de un región que antes se presumía transparente. Por no decir la neurosis colectiva a la que se encaminaban los habitantes de la capital del país.

Por entonces el Departamento del Distrito Federal estaba administrado por regentes. En los periodos de Carlos Hank González -por cierto, responsable de la creación de los Ejes Viales y la fracturación de la ciudad- y Ramón Aguirre, se implementaron algunas acciones tendientes a enfrentar el problema.

Una de ellas fue el diseño del Índice Metropolitano de la Calidad del Aire (imeca), que buscaba difundir diariamente entre la población los niveles de contaminación y su relación con la norma establecida.

Por años, los chilangos amanecimos al pendiente del ataque de los imecas. Los diarios y noticieros capitalinos dedicaban espacio para informar si ese día el aire estaba en niveles de precontingencia, es decir, arriba de los 100 puntos o, de plano, como imaginábamos, empezaríamos a caer como los pajaritos de los árboles, intoxicados por los más de 200 puntos imeca en los pulmones.

Contingencia absoluta, casi un toque de queda en el que los ciudadanos debíamos evitar salir de casa y ejercitarnos al aire libre; las escuelas debían cerrar sus puertas, y todos a ingerir líquidos y a comer frutas y verduras.

En 1989 se estableció una medida polémica, un día sin auto, que en principio sería temporal pero que, como dicen ""llegó para quedarse"", en la forma del programa Hoy no circula. En ese año el consumo de gasolina disminuyó en 6%, pero luego recuperó su promedio y el uso de taxis aumentó, al igual que las ventas de automóviles.

A mediados de los noventa, el ""día sin auto"" significó que 600 mil vehículos no se movilizaran, pero no disminuyó ni el consumo de gasolina, ni los niveles de contaminación. Una medida que, como los ""verificentros"" o centros de verificación vehicular, se percibían más bien como negocios que como programas eficientes.

Si bien la medición de la calidad del aire era indispensable, lo mismo que informar a la población, a estas alturas ya nadie le teme a los imecas, que hoy nos suenan más a una leyenda urbana.