Huéhuetl, instrumento de guerra

El siglo de la conquista - Hechos

       Cuauhtinchan fue el nombre de una ciudad ceremonial mexica, donde se preparaba a los guerreros y se les otorgaban los mayores rangos. Actualmente forma parte del municipio de Malinalco, Estado de México, en el centro del país. De su herencia prehispánica resalta un huéhuetl, instrumento de percusión parecido al tambor, que fue utilizado de manera intermitente desde el período posclásico hasta finales del siglo XIX en diversas ceremonias, las más recientes organizadas por los habitantes del barrio de Santa Mónica -para la celebración del día de la Virgen María, la Semana Santa, día de la Transfiguración del Señor, etc.

 

       Hasta 1890, por orden del gobernador del Estado de México, José Vicente Villada (1843-1904), se transmitió su resguardo al gobierno mexicano, permaneciendo varias décadas en el Museo de Arqueología del Estado de México, antes de ser trasladado al Museo Nacional de Antropología e Historia donde se encuentra actualmente.

 

       Se trata de uno de los escasos objetos de madera o material orgánico de origen prehispánico conservado en condiciones casi perfectas. Tiene casi un metro de altura y medio metro de diámetro, fue hecho de madera de tepehuaje y se ignora el material con que se confeccionó en su origen el parche que cubría la caja de resonancia.

 

    Entre los grabados que decoran la totalidad del tambor destacan dos figuras: Xochipilli -dios de la música y las flores- y el símbolo de Nahui Ollin -referencia al movimiento-. El primero luce ataviado con un traje alado, en la mano izquierda lleva un abanico y en la izquierda una sonaja. Acompañando a estos personajes hay tres guerreros jaguar y dos guerreros águila, todos con el glifo Atl debajo de sus ojos; según el antropólogo alemán Eduard Seller el glifo significa ""el llanto de los guerreros que compartían la penitencia junto a sus cautivos"". El entramado de plumas de águila y garza, así como los seis escudos que dividen el huéhuetl, se han relacionado con un culto solar.

 

       Los elementos antes descritos permiten pensar que este instrumento musical formó parte del orden ritual alrededor de los sacrificios gladiatorios, especialmente el tlacaxipehualiztli, culto relacionado con las Guerras Floridas y con el dios Xochipilli, en cuyos ritos los cuerpos de los sacrificados eran desollados y la piel de la víctima era vestida por un sacerdote que danzaba con la música del tambor.