Garmendia y Montes: dos hombres leales

La revolución - Hechos

Tuvieron un instante para demostrar su valor; un instante que extendió la vida de Madero en 1913. Gustavo Garmendia y Federico Montes eran miembros del estado mayor del presidente.

El 18 de febrero de 1913, cerca de la 1:30 de la tarde, mientras Madero y sus colaboradores se encontraban en el salón de acuerdos de Palacio Nacional, el teniente coronel Teodoro Jiménez Riveroll y Rafael Izquierdo acompañados por dos filas de soldados, irrumpieron para aprehenderlo por órdenes de Victoriano Huerta.

Federico Montes (1884-1950) y Gustavo Garmendia (1883-1913), que habían acompañado al Presidente a Cuernavaca para solicitar a Felipe Ángeles que movilizara sus tropas para atacar a los rebeldes de la Ciudadela, se encontraban en el mismo salón desprovistos de su uniforme militar por órdenes del presidente Madero.

Cuando Izquierdo y Riveroll, se apostaron en la puerta del salón y se dirigieron directamente a Madero, éste se negó a acompañarlos. Riveroll tomó bruscamente a Madero de ambos brazos y violentamente le ordenó que lo acompañara. Gustavo Garmendia, que se encontraba a unos cuantos pasos, en el preciso momento en que Riveroll osó poner sus manos sobre Madero, sacó su pistola  y al grito de: ""Al presidente nadie lo toca"" y le disparó en la sien.

El mayor Rafael Izquierdo dio orden a sus soldados de abrir fuego contra Madero; cuando éstos levantaron sus armas para apuntarle, Marcos Hernández se arrojó sobre el Presidente, cubriéndolo con su cuerpo; en medio de la confusión y las detonaciones, Federico Montes sacó su arma y disparó certeramente contra Izquierdo. Los soldados, al ver muertos a sus jefes, huyeron del salón amedrentados.

Una vez restablecido el orden, Madero se convenció de que era necesario buscar un lugar seguro, bajó apresuradamente por el elevador para buscar protección; en el patio se encontró con el 29º batallón al mando de Aureliano Blanquet, listo para aprehenderlo.

Tras el asesinato de Madero, Gustavo Garmendia se incorporó a la revolución Constitucionalista; supo que su compañero había permanecido fiel al nuevo régimen; entonces le escribió una carta muy emotiva, recordándole cómo le habían salvado la vida a Madero y lo convenció de unirse a la Revolución. A finales de 1913, ambos hombres ya combatían a Huerta.

Pero el destino les tenía reservados diferentes caminos. Federico Montes dejó el huertismo y se sumó al las filas constitucionalistas; su carrera militar fue en constante ascenso, sobrevivió al movimiento armado y murió hasta 1950 con todos los honores que pudo brindarle el ejército.

Gustavo Garmendia en cambio, no corrió con la misma suerte. Entregado a la causa constitucionalista, bajo el mando de Obregón, recibió un disparo en una pierna durante la toma de Culiacán en noviembre de 1913; murió desangrado.