El Diario de México

La Nueva España - Vida Cotidiana

El Diario de México se publica el 01 de octubre de 1805 y desaparece el 4 de enero de 1817. Fue el primer periódico cotidiano de la Nueva España ya que antes existían publicaciones más bien de tipo gacetas. Sus dos fundadores, Jacobo de Villaurrutia y el escritor oaxaqueño Carlos María de Bustamante, decidieron con este diario hacer evidente la vida colonial en sus costumbres, vicios y problemas sociales que acarreaba, por lo que se le reconoce como un parteaguas para el periodismo del siglo XIX por su aportación al cultivo de la ""crítica costumbrista"", un género utilizado para hacer frente a los mecanismos de censura de la época.

Además de textos críticos, el Diario de México publicaba amenidades como textos científicos, literarios, filosóficos, eventos culturales y reconocimientos a uno que otro ciudadano destacado. Escritores de renombre fueron autores de importantes notas de este periódico como es el caso de la Arcadía Mexicana, primera asociación mexicana de escritores que comandó el fray Manuel Martínez de Navarrete.

En octubre de 1812 se decretó la libertad de imprenta en la Constitución de Cádiz que permitía ejercer una ""libertad moderada y restringida"" por lo que el diario aprovechó todas sus publicaciones para criticar al ejército, magistrados y claro, recibir también crítica hacia el diario mismo. El gusto duró escasos dos meses ya que al notar un gran riesgo se dio por terminada esta ley en diciembre del mismo año.

La primera imprenta donde vio la luz este diario pertenecía a Doña Ma. Fernández de Jáuregui (aunque administrada por su esposo Francisco de Sales Quintero) ubicada en la antigua calle de Santo Domingo.

Entre tantas curiosidades que pudieran encontrarse en sus publicaciones destaca su edición del 31 de octubre de 1807, donde se propuso la idea de repartir invitaciones para asistir a las honras fúnebres de algún fallecido. Como si fuera una fiesta, una boda o un bautizo, los deudos hacían del conocimiento de familiares y amigos el deceso de alguna persona, esperando su asistencia al entierro. El machote de la invitación era inmejorable: ""Muy señores míos de mi mayor veneración y respeto. La divina majestad de nuestro redentor Jesucristo, se ha servido de llevarle el alma, a (aquí iba el nombre del difunto), el cual es cadáver, y para darle sepulcro a su cuerpo he de merecer de ustedes su asistencia que así espero lograrla en el día de mañana a las nueve del día que contaremos, a once del corriente. Celebro esta ocasión pues me franquea la de lograr sus asistencias y deseándoles la más perfecta salud y que la divina Majestad de nuestro señor Jesucristo se las facilite innumerables años"".

Leer Curiosidades del siglo XIX 

Actualmente, encontrar alguno de estos diarios en sus primeras ediciones es muy escaso, además de ser verdaderas joyas del coleccionismo histórico que pueden llegar a valer miles de pesos por un solo ejemplar.