Dios los bendiga a ustedes: Victoriano Huerta

La revolución - Hechos

La ocupación norteamericana de abril de 1914, debe entenderse como una parte esencial de la descomposición del gobierno de Victoriano Huerta.
Para el inicio de 1914, la situación del régimen huertista era prácticamente insostenible. Problemas económicos, sociales, diplomáticos y políticos detonaron el inicio del fin de su régimen.

La mayor parte de los recursos financieros con que contaba su gobierno eran destinados a mantener la guerra contra el ejército constitucionalista; al no contar con liquidez, Huerta aumentó la incorporación de reclutas a través de la leva. Utilizó todos los ferrocarriles para enviar a las forzadas tropas a combatir a los revolucionarios en el norte del país. Ello provocó que la capital dejara de percibir víveres y por tanto hubo desabasto, especulación y carestía.

Para enero, Huerta declaró la moratoria de la deuda y algunos países, principalmente Estados Unidos, Francia e Inglaterra suspendieron los empréstitos que ya tenían pactados, además de retirar el reconocimiento a su gobierno. Ante ese panorama, la crisis se ahondó por la evidente falta de flujo monetario y por la incapacidad de comprar armas del extranjero.

La incertidumbre financiera que vivía el país, hizo que los principales empresarios y banqueros, aquellos que habían apoyado a Huerta para que llegara al poder, contrajeran sus inversiones, y ello, aunado a la postergación de las elecciones, incitaron una división política entre sus seguidores. Huerta comenzaba a quedarse sólo.

La gota que derramó el vaso fue un incidente de pequeña envergadura. A principios de abril de 1914, un barco estadounidense atracó en el puerto de Tampico para aprovisionarse. Las autoridades navales del puerto, nerviosas por la situación que implicaba la cercanía de los ejércitos revolucionarios, obligaron a la tripulación a desembarcar y fueron arrestados.

Al darse cuenta del error cometido ofrecieron una disculpa que no fue aceptada, en cambio exigieron, ""disculpas oficiales, castigo para los culpables y veintiún cañonazos para honrar la bandera norteamericana"", ello por considerar que habían sacado a la tripulación estadounidense de un buque que tenía enarbolada la bandera, ""técnicamente se les había arrestado en su territorio"".

So pretexto de ello, el enviado especial para negocios con México, John Lind, incidió con el presidente (moralista) Woodrow Wilson, para que ese motivo fuera más que necesario para ordenar la intervención en México, y de una vez por todas ""quitarse de encima a Huerta"".

Si bien es cierto que las relaciones con el gobierno norteamericano se encontraban más que resquebrajadas, y que el incidente de Tampico no era importante, igualmente no debe dejarse de lado considerar como una realidad, que Estados Unidos, se había enterado de la llegada a México de un cargamento de armas, procedente de Alemania, por lo que a toda costa impidió su ingreso bajo aquel pretexto. Sin embargo, la situación debe ser entendida, como, a partir de los hechos, Estados Unidos, para esos momentos, ya había reconocido el movimiento revolucionario y había decidido darle su apoyo.

Para ambos bandos la situación estaba descontrolada.  Para Estados Unidos era un hecho la intervención, aunque en principio sus objetivos sólo referían la toma de la aduana del puerto veracruzano con el fin de impedir la entrada de armamento que apoyara a Huerta. Por su parte, el gobierno huertista, aumentando sus intransigencias, día adía, hacía publicar en su prensa que los ejércitos revolucionarios, que en esos momentos luchaban para deponerlo, estaban de acuerdo en rendirse para defender la patria contra la ""punición norteamericana"".

La realidad es que nadie del movimiento constitucionalista apoyó las incongruencias huertistas, incluso el propio Obregón, a su llegada a Guadalajara, intercambió correspondencia con Huerta para alertarlo de que a su llegada a la ciudad de México sería fusilado.

La ocupación de Veracruz por parte de los americanos se consumó, incluso con los endebles intentos de algunos grupos civiles por resistir la invasión. La ocupación duró aproximadamente siete meses, Huerta huyó del país, declarando cínicamente: ""¡Dios los bendiga a ustedes y a mí también!"", y con ello dio inició el constitucionalismo y un nuevo intento por la consolidación de un Estado Moderno mexicano.