De ensueño: El fabuloso Fred

La época de las crisis - Vida Cotidiana

El sonido de sus botones recordaba al tema ""La conversación"" de la película Encuentros cercanos del tercer tipo (1977), con el que los extraterrestres se comunican con los humanos a través de cinco tonos musicales y luces multicolor.

En su primera versión, nueve botones de colores en una caja de plástico del tamaño de una hoja carta (más o menos) que se encendían y sonaban al jugar, constituían el más sofisticado juguete electrónico de la época. Lo electrónico le venía, desde luego, de los misteriosos circuitos que hacían funcionar sus respectivas pilas.

Se llamaba El fabuloso Fred (no me pregunten de dónde el nombre porque nomás no he dado con su origen) y era la versión mexicana del juego japonés. Aquí, era producido por Muñecas y juguetes Ensueño, marca que se apoderó del mercado en los años ochenta y cuyo lema sonaba un poco ñoño: ""tan bonitos como tú"". Como su lema, los juguetes desarrollados por la marca eran bastante inocuos, al tiempo que innovadores.

El fabuloso Fred ofrecía un juego que ahora nos parece simple y que entonces fue todo un hit: como en un juego de memoria, los botones se iluminaban y sonaban en secuencia, aumentando en cada ocasión un sonido más, de modo que la dificultad consistía en memorizar la secuencia completa. Al perder, sonaba una espantosa chicharra que ponía en evidencia al desmemoriado.

El lanzamiento en 1983, fue acompañado de su campaña en uno de los programas más vistos de la televisión mexicana: En familia con Chabelo. Como el resto de los juguetes de la marca, Fred -para los amigos- aparecía hasta en la sopa.

En los escasos canales del monopolio televisivo de entonces, sonaba incansable y hasta el hartazgo, la misma secuencia de tonos para recordarnos que no poseíamos aún el dichoso juguete. O bien que teníamos pendiente ganarle al abuelo en memorizar la secuencia más larga.

Fue la década de los juguetes electrónicos. El avance en el desarrollo de circuitos cada vez más pequeños y de las computadoras personales, permitió la aparición de gadgets como Fred y abrió el paso a los videojuegos.

Al finalizar la década, la nueva versión de El fabuloso Fred ofrecía doce juegos diferentes en uno: piano, submarino, beisbol, etcétera, casi por el mismo precio. A pesar de la crisis y de que el precio al público era alto, la posesión del juguete era uno de los tantos ""obligados"" del momento.

Con Fred llegaron otros gadgets igualmente imprescindibles para el consumidor adicto a la tecnología, cada vez más diversos y complejos, que nos mantienen atentos a la más mínima innovación. Y, que yo sepa, todavía no hay nada que nos cure de este mal.