Chilanga banda

La época de las crisis - Vida Cotidiana

Un sujeto de edad indefinida (podía tener 18 ó 30, daba igual), vestido de jeans entubados, playera negra de Black Sabbat, chaleco de mezclilla pringoso y lleno de broches de temas musicales y en la espalda un enorme símbolo de la paz pintado con esterbrook, franqueaba la entrada a la escuela.

El pelo cortado de mohicano, embarrado de gel y con las uñas pintadas de amarillo tabaco, con su inconfundible tufo a mota, solicitaba ""un varo"" a los alumnos despistados.

Era la cuota para poder ingresar a las instalaciones de la Escuela Nacional Preparatoria Núm. 4, ""Tacubaya High School"", como decían algunos compañeros confundidos a la Prepa de la colonia Observatorio.

A pesar de su cercanía con la vieja Tacubaya, del pasado centenario de sus calles, la colonia era en 1986 un barrio más bien venido a menos. Peor aún: era un espacio disputado por las bandas o pandillas juveniles que entonces proliferaron en distintos puntos de la ciudad de México.

La Rata, El Pulpo, La Marrana, formaban parte de la sociedad de las esquinas que se reunía a pasar el rato en los alrededores de la Preparatoria: chavos y chavas entre 15 y 24 años, inscritos a la escuela algunos (El Pulpo era buen estudiante), pasaban las horas fumando marihuana o inhalando ""chemo"" y tomando cerveza en caguama. Era la banda echando el coto.

Los hoyos de las balas que ostentaban las puertas de la Prepa, como un crudo recuerdo del movimiento estudiantil de 1968, solían desaparecer entre los grafitis con los nombres de las pandillas obsesionadas por marcar su territorio: los BUK o Bandas Unidas de Kiss de Tacubaya, Los Panchitos y los ""sofisticados"" Sex Panchitos.

Así como las ""flotas"" y los jipis en los años setenta, la banda marcó con fuerza su presencia en los ochenta. La mayoría eran jóvenes sin trabajo y sin estudios, y con escasas posibilidades de ver satisfechas sus necesidades básicas, formaban parte del 6% del desempleo nacional y estaban excluidos de la insuficiente cobertura educativa ofrecida por el Estado.

Era una generación que padecía en carne viva la crisis resultado de una inflación escandalosa (superior al 150%), de la corrupción imperante y las malas decisiones políticas. Un sector de la población con el que nadie sabía qué hacer.

A las bandas se les temía y se les rechazaba, eran dueñas de su territorio y ¡ay de aquél que lo cruzara! Grupos rebeldes y anárquicos, se perdían con frecuencia en la desesperanza. Al cerrar el siglo XX, la banda pasó a ser reconocida, aceptada y tolerada en su diversidad. Ahora se les llama y conviven con otras tribus urbanas.

Ligas de interés:

Película La banda de los Panchitos de Arturo Velazco.

Three Souls in My Mind, ""Chavo de onda"".

Jaime López, ""Chilanga banda"":