Chac Mool, el umbral de la casa de los dioses

El siglo de la conquista - Hechos

Se refiere que el polémico arqueólogo Augustus Le Plongeon, exploraba Chichén Itzá buscando las pruebas de la fundación del antiguo Egipto por los mayas, cuando descubrió en 1874 la escultura de un hombre reclinado con un tronco corporal desproporcionado, la cabeza alzada y girada, las piernas formando un arco y sosteniendo una vasija con las manos sobre su vientre. Se le nombró Chac Mool, apelativo maya con etimología doble, por un lado, resalta la imagen de un ""felino rojo"", y por otro, la de una ""semilla alucinógena"" parecida a un frijol rojizo. 

    En más de cien años que nos separan de ese encuentro de Le Plongeon, se han recuperado numerosas representaciones de este personaje en sitios tan diversos como Tula, Tlatelolco, Chichen Itzá, Tzintzuntzan, Tenochtitlán, Ihuatzio, Cacaxtla y otras ciudades mesoamericanas. Generalmente manufacturadas durante el período posclásico (900-1521), se cree que el Chac Mool fue una figura incorporada tardíamente al panteón religioso. 

    Lo cierto es que su ubicación simbólica en la arquitectura religiosa es una constante, su presencia siempre se ubica en los umbrales que dividen lo sagrado de lo profano, puntualmente, al pie de los altares, en el acceso a los campos de juego de pelota o en la entrada de los templos. Es posible suponer que su función debió constituir un elemento de tránsito entre los dioses y los humanos; quizá fue un semi-dios que transportaba las ofrendas que los fieles depositaban en su cuenco, siempre vertical, junto con las plegarias y peticiones que las motivaban. Aunque también, no sin motivos, hay quien lo ha referido como variante antropomorfa de las piedra sacrificiales.

    La posición anatómica del Chac Mool es reiterativa a lo largo de Mesoamérica: la zona abdominal, el cuello, las piernas recogidas y el cuello girado (sección que conecta la cabeza -recinto del pensamiento- con el cuerpo), conforman una muestra plástica de las fuerzas que rigen la permanente tensión del universo y del encuentro con lo sagrado. Es también probable que su función litúrgica y conceptual cambiara de matices, de acuerdo con las variantes religiosas de cada cultura, igual que en el terreno plástico, en el que a veces se le representa desnudo, vestido con maxtlatl -taparrabo- o con atuendos de guerrero. 

    El Chac, en ocasiones está dotado de rasgos juveniles o de una vejez que parece sucumbir al tiempo; adornado con iconografías relacionadas con el agua, la fertilidad o la riqueza, como es el caso de obsidianas o piedras verdes, no pocas veces lo han asociado con el espíritu elemental del agua.